El papel de los observadores

Frente a las interrogantes que muchos sectores políticos y de opinión pública han levantado hacia la poca independencia política del actual Consejo Nacional Electoral, y a su propia capacidad para asegurar elecciones en condiciones de equidad democrática, el papel que desempeñarán las dos misiones de observación internacional de los comicios del próximo domingo 17 de febrero, cobra especial importancia.

El proceso político ha estado marcado por constantes polémicas con la autoridad electoral. En su arranque, la decisión más controvertida fue la verificación de firmas de los movimientos y partidos que ya habían sido inscritos por el anterior Consejo Electoral. Lo que se presentó entonces como el mayor fraude político de la historia, con el presidente de la República denunciándolo en primera fila, no terminó de ser sino una suerte de ajuste de cuentas con unos pocos movimientos y partidos que, finalmente, no fueron registrados. De ese gran escándalo denunciado a voz en cuello, no hay un solo responsable. Una implicación que tuvo el largo y costoso proceso montado para verificar las firmas, fue que los tiempos para los partidos y movimientos inscritos se acortaron de manera significativa. El próximo domingo se verá si el Consejo ha sido capaz de sortear las limitaciones de tiempo para asegurar un sufragio y un conteo limpio de los votos, y si los sujetos políticos pudieron lograr un desempeño adecuado en el proceso.

La segunda observación que se ha hecho al Consejo ha sido su ambigüedad a la hora de ejercer su autoridad para exigir que todos los partidos, movimientos y candidatos respeten las reglas del juego, sobre todo en cuanto a la publicidad, a sus mensajes de tolerancia y respeto mutuo. Siempre despierta dudas el hecho de que el candidato presidente, a pesar de que pidió una licencia de un mes para dedicarse por completo a la campaña, haya utilizado recursos estatales para llevar a cabo la promoción de su candidatura. No ha sido usual en la historia reciente del país tener a un presidente en funciones optando por una reelección. Pese a las denuncias de sus opositores, no siempre el Consejo actuó de forma clara y oportuna.

Las dudas y las sospechas sobre la independencia del Consejo convierten a los observadores en actores claves de la fase final del proceso electoral. Ellos tienen la obligación ética de hacer un balance objetivo de lo que ocurra el próximo domingo, día de los comicios, pero también una evaluación certera de lo que ha sido el proceso electoral en su conjunto.